Hay días amargos. Se presentan así desde temprano, vienen enganchados del mal sueño.
Esos días pienso en él, y lo extraño tan en silencio que me asusta.
Hay días que son como caramelos.
Hasta el ruidito del envoltorio es placentero.
Se abren y se dejan comer, porque saben que esa es su misión.
Esos días pienso en él y me resulta extraño, ajeno. Lo pienso en voz alta, grito su nombre, y no hay efecto. Es pasado.
Hay días ácidos también. Esos cuando tengo pensamiento en todos los poros. Esos de plena conciencia.
Esos días pienso en él y tengo broncas, y me río, y me despecho, y me lloro un poco, y saco conclusiones. Esos días son veloces, porque me canso. Pero son productivos.
Y de golpe hay un día caramelo-ácido. Son los días más raros.
Esos días pienso en él y quisiera darle un abrazo, y luego dejarlo partir para siempre.
2 comentarios:
Estás en una etapa normal de todo duelo.
Van a llegar los días no en que no pienses más en él, sino en aquellos que pensar en él ya no te provoque ninguna sensación más que el recuerdo de una persona que existió y punto. Te lo aseguro, eso llega.
Vamos, que vas bien Sol! ;)
es muy difícil cuando el otro fue tan parte de uno. el problema ahora es que no hay cierre.
por eso yo me lo invento.
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