Entonces te mostré el hueco, la huella de la herida.
Y creo que viste, que entendiste el dolor, ese dolor sordo que produce en el oído el silencio embolsado (El vacío, sí. La ausencia)
Y no sé si ocurrió así –de todas formas no quise- pero mientras te mostraba me parecía que ese hueco, esa huella de esa herida con la forma tuya, se iba traspasando a tus ojos, y se te vaciaba la mirada. Te retirabas, así como una marea, te hacías ausencia pero esta vez no de mí, sino de vos misma.
2 comentarios:
espero que lo leas, emy...
y cuando quieras, seguimos la charla.
los vacios de uno mismo son los mas concurridos por todos los demas.
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