06 septiembre 2005

Entonces te mostré el hueco, la huella de la herida.

Y creo que viste, que entendiste el dolor, ese dolor sordo que produce en el oído el silencio embolsado (El vacío, sí. La ausencia)

Y no sé si ocurrió así –de todas formas no quise- pero mientras te mostraba me parecía que ese hueco, esa huella de esa herida con la forma tuya, se iba traspasando a tus ojos, y se te vaciaba la mirada. Te retirabas, así como una marea, te hacías ausencia pero esta vez no de mí, sino de vos misma.

2 comentarios:

Polonia dijo...

espero que lo leas, emy...
y cuando quieras, seguimos la charla.

Carla dijo...

los vacios de uno mismo son los mas concurridos por todos los demas.