Qué puntería la mía. Juro que no leí la cajita, simplemente la vi y me la llevé porque hacía tanto que quería verla.
Y es una película maravillosa, si. No me equivoqué.
Pero qué puntería la de Kauffman, primero, y la de Gondry, después. Qué capacidad para generar mímesis.
Si es cierto que hay una segunda oportunidad, prefiero no pensar mucho al respecto. Tampoco dejar que se desvanezca lo que la memoria retiene...
Esta es la primera vez que te vi:
Sentado sobre un montón de bolsos y bolsas de dormir. Con cara de dormido, porque habían pasado la noche en tu casa todos despiertos.
"Ella es mi amiga. Cuidala" Te dijo. Y vos asentiste con una sonrisa tímida, como si ya supieras que ibas a cuidarme durante mucho tiempo.
Esta es la última vez que te vi:
Me fui sin despedirme porque era demasiado doloroso. Pero salí y volví a entrar, porque sabía que era la última. Volví a entrar y te abracé, con el íntimo deseo de que vos también sintieras, cuando te soltara, que una parte tuya se desprendía.
Si algo nos hace únicos en medio de tanta gente, es el haberse encontrado con un otro alguna vez.
29 mayo 2005
26 mayo 2005
ti voglio bene
25 de Mayo a la noche.
La fecha me recuerda una vez más.
Lo extraño es cómo todo sigue y a qué velocidad; tanto que pueden verse las pequeñas partículas de mí desprendiéndose y volando, para formar ya parte de otra cosa.
La fecha me recuerda una vez más.
Lo extraño es cómo todo sigue y a qué velocidad; tanto que pueden verse las pequeñas partículas de mí desprendiéndose y volando, para formar ya parte de otra cosa.
22 mayo 2005
música
Sucede todo el tiempo: te despertás en mitad de la mañana preguntándole a la pared dónde estás porque el sueño te ha llevado por lugares tan vivos que es preciso tomarse unos segundos para asegurarse de que este mundo es el correcto más bien el único el mismo de ayer y de mañana que ésta es tu cama tu pared tus cosas en la mesita de luz y que esa música que escuchás está solamente en tu cabeza ahora justamente para recordarte qué mundo es este en el que tu sueño acaba de dejarte completamente a la deriva.
20 mayo 2005
viernes
Mientras, sigo en este ritmo ondulante.
Un día puede ser la cresta de la ola y el abismo marítimo a la vez.
Las únicas verdades posibles son las que rellenan el espacio que hay entre medio.
Un día puede ser la cresta de la ola y el abismo marítimo a la vez.
Las únicas verdades posibles son las que rellenan el espacio que hay entre medio.
19 mayo 2005
pelusa
Los otros días estaba viajando en el colectivo veintinueve, y venían justo atrás mío dos señoras hablando. Me taladraban tanto el cerebelo, que empecé a prestar atención a lo que decían:
"Vos sabés, Norma, lo que yo sufrí por la culpa de ella... son buitres, Norma, aves de rapiña... yo le voy a pagar los honorarios, pero la voy a hacer sufir, Norma, no se la va a llevar tan facil... es mala, Norma, es maala... es mala, mala, Norma, mala. Yo la voy a llamar a mi hermana Mirta que vive en los Estados Unidos para que llame ella y averigüe, porque a mi no me quieren atender el teléfono... y sabés qué es lo que más me duele, Norma? que yo se que mi papá está viendo todo esto, desde alguna parte del cielo... es terrible, Norma, se ve que con los años se puso más neurótica o qué se yo... mirá, hoy mismo la voy a llamar a mi hermana. Me voy a gastar, qué se yo, cinco o diez pesos, pero la voy a llamar hoy mismo, Norma, esto no puede seguir así..."
Norma mechaba cada vez que podía un "Qué barbaridá"
Yo me bajé corriendo del veintinueve, bastante aturdida, y pensé que la mascota ideal para mi Clown era una pelusa del ombligo.
Insondaaableeee...
"Vos sabés, Norma, lo que yo sufrí por la culpa de ella... son buitres, Norma, aves de rapiña... yo le voy a pagar los honorarios, pero la voy a hacer sufir, Norma, no se la va a llevar tan facil... es mala, Norma, es maala... es mala, mala, Norma, mala. Yo la voy a llamar a mi hermana Mirta que vive en los Estados Unidos para que llame ella y averigüe, porque a mi no me quieren atender el teléfono... y sabés qué es lo que más me duele, Norma? que yo se que mi papá está viendo todo esto, desde alguna parte del cielo... es terrible, Norma, se ve que con los años se puso más neurótica o qué se yo... mirá, hoy mismo la voy a llamar a mi hermana. Me voy a gastar, qué se yo, cinco o diez pesos, pero la voy a llamar hoy mismo, Norma, esto no puede seguir así..."
Norma mechaba cada vez que podía un "Qué barbaridá"
Yo me bajé corriendo del veintinueve, bastante aturdida, y pensé que la mascota ideal para mi Clown era una pelusa del ombligo.
Insondaaableeee...
16 mayo 2005
uno al as
Caminando sola hacia el trabajo, reflexionando en voz alta y muy concentrada, de pronto me digo (también en voz alta, claro) "estoy hablando sola". Sonrisa indisimulable, justo pasando por enfrente de la verdulería. La sonrisa se transforma en risa sonora e incontenible: me río a carcajadas sospechando que es maravilloso. "Y ahora me estoy riendo sola", digo, y cruzo charcas aunque el semáforo está en verde, porque los autos están allá lejos, y el día está lindo y me río sola.
nota de la autora: no, no es la primera vez que hablo sola, pero siempre hay una primera vez para la auto-sorpresa.
nota de la autora: no, no es la primera vez que hablo sola, pero siempre hay una primera vez para la auto-sorpresa.
15 mayo 2005
cenizas
Como frente a cualquier espejo deformante, con la risa nerviosa de quien sabe que ha perdido algo fundamental, con la mirada absorta sobre un punto flotante justo arriba de esa planta... me veo. Tristísima pero fortalecida, rechazando soberanamente tus cuidados a medias. (Que me parta un rayo. Lo hecho, hecho está) Camino hacia la parada, con una serenidad hueca, y por dentro las muchas voces con sus ecos también deformes. Pero hoy el coro confuso parece decir palabras de aliento, de sutilísima victoria. Se impone la voluntad heroica. El llanto no. Y eso que ya es domingo.
14 mayo 2005
modus operandi
Mens sana in corpore sano.
Si mens non sana, corpore tampoco.
No, no se latín, pero se entendió ¿no?
Si mens non sana, corpore tampoco.
No, no se latín, pero se entendió ¿no?
13 mayo 2005
Otro archivo actualizable
Qué laboriosa tarea la de tomar cada día uno, dos, o tres naipes del mazo, tal vez al azar, o tal vez elegirlos minuciosamente; hábilmente colocarlos sobre una superficie lisa y segura, a reparo del viento, y con extrema suavidad posar uno sobre otro formando un delicado ángulo de cartón. Qué tarea más decente hacer varios de estos triángulos, y luego depositar sobre ellos, a modo de pasarela, otros naipes, y así terminar de formar un primer piso de la pirámide, o del castillo, como queramos llamarlo. Maravillosamente esos naipes inertes de pronto se yerguen majestuosos, haciéndole creer a la vista que son más resistentes que una estructura de hormigón. Y entonces sabemos que no hay peligro, que todo debe seguir su curso vertical, y, lenta y cuidadosamente, construimos otro piso de naipes, haciendo pequeños pero fundamentales cálculos, para no romper el delicado equilibrio entre el aire y esos sencillos rectángulos de cartón, a los que tantas y tan diversas utilidades damos.
Nuestro proyecto arquitectónico tiene ya dos flamantes pisos, perfectamente alineados piramidalmente, y entonces sabemos que hemos de llegar al final del asunto, que ya no hay vuelta atrás, que es imperioso ver la obra terminada.
Emprendemos la cada vez más frágil tarea de calcular los puntos de apoyo para evitar el derrumbe, pero lo hacemos estoicamente, construimos dos, y hasta tres pisos más (dependiendo de la base, evidentemente) y llegamos a poner el último triángulo o casita, especie de torre vigía o cereza de la torta.
Luego, allí está nuestro castillo de naipes, glorioso e insuperable. Lo admiramos porque conocemos su fragilidad. Admiramos con pasión su desafío permanente a la ley de gravedad: es un castillo voluntarioso, y nosotros lo hemos construido. Nuestro orgullo.
Y de pronto, una brisa imperceptible nos hace flamear un pelo en el aire. El castillo resiste, pero nosotros no: sin ya poder contener el impulso, una mano se lanza sobre la superficie lisa. Un grito estruendoso no sale, sino que se queda retumbando dentro nuestro, y ya es demasiado tarde, la mano barre de un solo golpe la base del castillo, y contemplamos el derrumbe con una lágrima en el porche del ojo. El derrumbe es hermoso y terrible. El castillo cae y se derrama. Casi al mismo tiempo, empieza a llover.
Nuestro proyecto arquitectónico tiene ya dos flamantes pisos, perfectamente alineados piramidalmente, y entonces sabemos que hemos de llegar al final del asunto, que ya no hay vuelta atrás, que es imperioso ver la obra terminada.
Emprendemos la cada vez más frágil tarea de calcular los puntos de apoyo para evitar el derrumbe, pero lo hacemos estoicamente, construimos dos, y hasta tres pisos más (dependiendo de la base, evidentemente) y llegamos a poner el último triángulo o casita, especie de torre vigía o cereza de la torta.
Luego, allí está nuestro castillo de naipes, glorioso e insuperable. Lo admiramos porque conocemos su fragilidad. Admiramos con pasión su desafío permanente a la ley de gravedad: es un castillo voluntarioso, y nosotros lo hemos construido. Nuestro orgullo.
Y de pronto, una brisa imperceptible nos hace flamear un pelo en el aire. El castillo resiste, pero nosotros no: sin ya poder contener el impulso, una mano se lanza sobre la superficie lisa. Un grito estruendoso no sale, sino que se queda retumbando dentro nuestro, y ya es demasiado tarde, la mano barre de un solo golpe la base del castillo, y contemplamos el derrumbe con una lágrima en el porche del ojo. El derrumbe es hermoso y terrible. El castillo cae y se derrama. Casi al mismo tiempo, empieza a llover.
Esa cosa tan personal de llorar sin escándalo en los colectivos
... viajo mirando hacia arriba, que es como volar al revés, para que las hojas de los árboles me hagan cosquillas en los ojos.
12 mayo 2005
jueves otra vez (escrito de hace un mes. cíclico. se actualiza inevitablemente)
Jueves otra vez. Los días pasan efectivamente cada vez más rápido.
La semana empieza como un bostezo, se despereza lenta. El lunes es eterno, insoportable, moco pegado en la cara interna de la nariz demasiado lejos para el dedo. El martes es un tintineo, no se apura, pero tampoco hay que dejarlo. Se va igual que como vino: un día imbécil, invisible, o como queramos llamarlo. Miércoles, algo se derrumba, cambia de color, colapsa o se serena del todo. Un día clave, pasa rapidísimo, sin que uno pueda verle bien la cara. Pero sabemos que pasó, porque después ya nada es igual. Jueves, el día menos. El jueves pasa apurado e incómodo por un espacio demasiado estrecho para él. Es largo y serpenteante, como lo indica su nombre, pero no hay lugar ni tiempo para explayarse, entonces pasa en puntas de pie. Viernes. Impedimos que cualquiercosa se interponga entre nosotros y el viernes. Trampolín hacia una pequeña porción de ocio y felicidad. El viernes pasa volando, porque eso queremos. Volar. El resto, sábado y domingo, gloria caída y ruinas, es un abrir y cerrar de ojos, o un abrir y cerrar de semana. Sólo con los primeros destellos nocturnos del domingo empezamos a sentir la desaceleración rotunda de la vida.
La semana empieza como un bostezo, se despereza lenta. El lunes es eterno, insoportable, moco pegado en la cara interna de la nariz demasiado lejos para el dedo. El martes es un tintineo, no se apura, pero tampoco hay que dejarlo. Se va igual que como vino: un día imbécil, invisible, o como queramos llamarlo. Miércoles, algo se derrumba, cambia de color, colapsa o se serena del todo. Un día clave, pasa rapidísimo, sin que uno pueda verle bien la cara. Pero sabemos que pasó, porque después ya nada es igual. Jueves, el día menos. El jueves pasa apurado e incómodo por un espacio demasiado estrecho para él. Es largo y serpenteante, como lo indica su nombre, pero no hay lugar ni tiempo para explayarse, entonces pasa en puntas de pie. Viernes. Impedimos que cualquiercosa se interponga entre nosotros y el viernes. Trampolín hacia una pequeña porción de ocio y felicidad. El viernes pasa volando, porque eso queremos. Volar. El resto, sábado y domingo, gloria caída y ruinas, es un abrir y cerrar de ojos, o un abrir y cerrar de semana. Sólo con los primeros destellos nocturnos del domingo empezamos a sentir la desaceleración rotunda de la vida.
comienzo
Tal vez si fuera solo una hemorragia interna, una fiesta de organos mutilándose en ese espacio inhabitable que es uno mismo.
Pero se desborda, porque es tal la masacre.
Se desborda para que yo sangre por todos lados, para que haya ríos pequeños de sangre ahí por donde pase.
Para que no me vaya a olvidar quién me habita.
Para que el laberinto no reniegue de su minotauro.
Pero se desborda, porque es tal la masacre.
Se desborda para que yo sangre por todos lados, para que haya ríos pequeños de sangre ahí por donde pase.
Para que no me vaya a olvidar quién me habita.
Para que el laberinto no reniegue de su minotauro.
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