01 marzo 2012

banderines

No pasaron ni cuatro semanas desde el inicio del carnaval, y los banderines ya están descoloridos, abrumados por el aire entumecido de la ciudad. Ya parecen tan viejos como si tuvieran años, ya se ven deshilachados y tristes.
El primer día de marzo ocurre algo fantástico: el verano se termina. No en la realidad física o meteorológica, sino en la realidad perceptible. Y no importa si cae miércoles, viernes, o sábado. El primer día de marzo siempre es lunes. Se percibe la aceleración inmediata del tiempo. El fin del verano, y con él, el fin del olor a nuevo del año. Marzo trae la conciencia de que este año, este también, se va a terminar. Por más colorido y nuevo que haya parecido durante estos dos meses, marzo ya nos muestra, incipientes pero definitivas, las puntas deshilachadas, y deja ver cada vez más el tono opaco del verde, del amarillo, del violeta, su tendencia irremediable a confluir en un mono-tono más bien gris; la necesaria desintegración que vendrá, tarde o temprano.

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