22 abril 2010

noches

Es la ondulación, la multiplicidad, la pretensión de omnipresencia, lo que desmejora mi sueño.
Ahí me veo, soñando con la solución de un formulario de ejercicios que se interrumpe en el dolor agudo de la zona toráxica, el cual se traduce en una repetición inútil del mismo párrafo, una, y otra, y otra vez; exactamente como cuando se intenta leer algo sin lograr la concentración necesaria. La imposibilidad de resolución y la certeza cada vez más cierta del dolor, me arrebatan del sueño, me ponen de pie, me llevan a la vigilia. El corazón acelerado no desempaña la vista, y el periplo queda como suspendido en una oscuridad turbia, en esa deriva nocturna que es el desvelo.

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