19 febrero 2010

muertas

El cuerpo inerte y el viento profanando el plumaje.
Ahí parece yacer la desolación de la muerte.

El cadaver se insola y poco a poco se adhiere a la superficie como una calcomanía.

No hay respeto por esas muertas.
Los autos pasan y desparraman, siniestros, las pequeñas víceras.

El espejo de los ojos ya las confunde con una bolsa, ya con un montón de hojas secas.

Es el instante del contacto el que estremece, como relámpago,
cortando por un segundo el aire.

El espasmo dura sólo unos pasos más, pero el ardor se queda,
mancillando desde dentro la sensación de bienestar.

2 comentarios:

Sabúl dijo...

Pobres bichos.
La palabra calcomanía casi que me conmueve.

Sabúl dijo...

Empecé a releer y me vi completamente atrapado por las palabras.
Este texto es como un viaje en tren bala.
Muy cortito, pero así.
Te metés adentro, lo atravesás desde adentro y ves por la ventana cómo te vas desplazando a mucha velocidad.
Son sensaciones tan humanas las que describe que no es posible que alguien no entienda lo que esta diciendo.
En fin, clap clap clap