27 febrero 2009

aprendome

como un caminito ya trazado previamente con la punta del dedo sobre un mapa, aprendo que esto que vino -que viene- que yo lo llamo estar triste, siempre va a estar al ladito mío, como la nena con rulos que me agarra la mano para cruzar una calle.
la nena me mira y ella sabe que yo estoy enojada, no con ella, pero enojada. que es un enojo lleno de lágrimas y que cualquiera que sepa mirar diría que es desconsuelo. pero a mi me sale en enojo, como un fuego por el tercer ojo, y la nena me mira y no entiende qué me pasa. ella tiene prometidos muchos regalos para la vida, regalos maravillosos. pero una amargura también, que yo ya la conozco y ella no. y como yo ya sé, y la veo a ella tan llena de firuletes, me enojo porque no puedo decirle. porque no serviría de nada. porque ella igual se va a ir de viaje, sin saber que algo se va a perder para siempre. yo lo sé porque soy grande. el enojo es nada más que un dolor tan tan enorme que no encuentra canal de desagüe, ni río que lo lave, ni aire que lo llene de aire, ni tiempo que lo suelte como barrilete al cielo.
la nena de rulos mira al cielo al cruzar, me confía su mano y sus ojos para que yo la lleve segura hasta el otro lado. ella sabe que del otro lado nos despedimos, que yo la dejo, y que ella va a tener que mirar bien a los dos lados antes de cruzar la próxima calle. antes de irse me dice un secreto: que la espere pronto. que no esté enojada. que ella va a volver a encontrarme y me va a regalar unos anteojos nuevos para mirarla siempre, y que cuando la mire a ella me voy a acordar de los días en que había muchas promesas y ninguna ausencia.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Uy Polonia...que lindo escribís. Cierto crecer tiene sus horribles horrorosos dolores, pero cuando te acomodes los zapatos vas a estar muy bien.Lo vas a ver con tus propios ojos.
Coraggio!!!

polonia dijo...

gracias Coraggio.

Sabúl dijo...

Si, si, hay cadáveres que se arrastran y pesan, y cadáveres que uno se devora y transforma en potencia y movimiento.

Así que a canibalizar los cadáveres del pasado de uno mismo, que andar arrastrándolos agota y desgasta al pedo (como si fuera tan fácil).