13 noviembre 2008

hoy



voy haciendo este trabajo de hilván, pero muy silenciosamente, porque ni yo me doy cuenta. saco del mazo una carta cualquiera: el mar. la luna. el miedo. la amistad. mi papá. el futuro. el pasado. los relatos de los otros. el cono de angustia. el amor. el atragantamiento. los ciclos y las mareas. el ahogo. los sueños. lo que no tiene retorno. la vocación. la dispersión. la coherencia. los abandonos. la auto crítica.

son las piezas de un rompecabezas, parece.

entonces, hoy, tengo esta imágen: uno cuando nace es como un cubo mágico. después, a medida que se va viviendo, el cubo se desordena, empiezan a formarse combinaciones de colores; y nunca para de girar, de cambiar.

y por momentos tengo la ilusión de volver a la primera imágen. a la página en blanco. a la pura potencialidad. volver a armar el cubo. barajar y dar de nuevo.

pero no se puede, no?

hay que seguir probando combinaciones, buscar el hilván, el recorrido alrededor y a través.

porque capaz la magia no es armar el cubo como al principio. capaz la magia aparece cuando las combinaciones empiezan a tener sentido.


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