Viajábamos en colectivo, y asomaba por la ventanita una especie de barranca, como las del Parque Lezama.
Una chica con su bebé, y un tipo con un cuchillo. Forcejeaban, él la acuchillaba un poco. Ella era muy jóven. Después el cuchillo cambiaba de mano, y ella tajeaba el dorso de la mano de él. Después, de vuelta, él tenía el cuchillo y la abrazaba por la espalda. Le quería cortar el vientre, pero ella tenía una campera gruesa. El cuchillo se deslizaba por la campera y le hacía un tajo.
A todo esto el bebé ya no estaba.
Y ahora me acordé de una cosa que contaron ayer, de un hospital público; no querían atender a una mujer boliviana que estaba con trabajo de parto. Que a ella se le caían las lágrimas, imploraba que la atiendan, y le decían "vos esperá".
No hay comentarios.:
Publicar un comentario