
Uno sale de un comercio corriente, luego de haber hecho una compra pequeña en un día lluvioso. Se dirije hacia su hogar, lo más rápidamente posible, saboreando de antemano la siesta que le espera.
Con el llavero en la mano, a punto de dar el paso que le separa de ése lugar tibio que es su casa, nota, no sin cierto fastidio, que le falta el paraguas.
¿Qué lleva a un individuo a emprender la marcha atrás, a volver sobre sus pasos estando a punto de alcanzar el ansiado momento de llegar al hogar? ¿Este objeto de bella forma y dudosa utilidad es capaz de producir semejante comportamiento?
Los científicos aún no han podido responder estas preguntas. Lo que hoy podemos decir es que el olvido/extravío/destartalamiento de este singular objeto genera en las personas una suerte de angustia existencial inmotivada.
Consultados por este medio, distintos profesionales de la salud han coincidido en remarcar la notable falta de criterio que existe en torno a esta problemática en general, y en este estudio en particular.
Por un lado, los paraguas se han convertido en objetos fácilmente desechables. Por otro lado, nadie puede permanecer impasible ante el olvido eventual de estos objetos tanto en la vía pública, como en lugares privados. Un paraguas que se pierde, difícilmente se recupera.
También debemos citar casos patológicos, como ser los reincidentes, que olvidan periódicamente sus paraguas; los abandónicos, que ante el más mínimo desperfecto técnico, abandonan a los indefensos paraguas en plena lluvia. Están por otra parte los caritativos, que recojen a los desafortunados paraguas, los suertudos, que se encuentran los paraguas que otros olvidan, y, por supuesto, los oportunistas, que, a sabiendas de esta ola de desechabilidad, salen a venderlos y a pregonar su nombre ante la primera llovizna, como si se tratara de matutinos.
Lo cierto es que, cualquier alma que se precie, sufre la pérdida de este curioso invento cual si se tratara de una mascota, o peor, de una partecita de sí misma.
Y no es que uno se apegue por materialismo desbocado. No. Es esa magia que sólo algunos objetos saben tener. Objetos que, si bien tenemos totalmente incorporados a nuestra cotidianeidad, basta con mirarlos un poquitito de reojo para saber que son hijos naturales de la más insensata genialidad humana.
2 comentarios:
como los anteojos. antiojos. antiolos. antilolos. antiolos. antiools....mm esto no llega nada. pucha. bueno. te quiero negri. ja
ayy... en algun rincon de este blob debe haber algo sobre los anteojos. viste lo que son? una genialidar
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