Me da tristeza pensar en todo lo que dejamos de ser. Todo el tiempo pasa.
De uvas era el vino tinto, pero de las dulces, del patero. Lo malo era que no combinaban con el pebete de jamón y queso.
"¿Qué so'?" "Soy un pedacito de vos", me dijo. Lo miré con los ojos redondos como dos alfajores de chocolate. La boca se parecía a la de un sapo, sus orejas de terciopelo. Tuvo que suspirar muy profundo antes de ponerse los zapatos. Él prefería tomar soda -soda en sifón- y un pingüino.
Estaba el cielo amarillo porque iba a llover. "No tenemos algas" dijo. Y qué importa. Agua de mar en un frasquito le trajo, en un barco de papel lo envolvió, se lo dio en la mano. Era el más lindo. Después hubo pocos días como ese.
Algún día nos vamos a ir a vivir al mar.
-de lau y yo-
1 comentario:
me encantan los cadáveres exquisitos, tienen una sensibilidad increíble.
me gustó lo del pedacito de vos, y es cierto, yo creo que nadie es enteramente original en su forma de ser, más bien somos el resultado del esfuerzo mancomunado de todos los que han pasado por nosotros.
besos!
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