Estoy en un momento de exacta invisibilidad, la suficiente como para estar siempre en segundo plano, digamos, fuera de foco.
La mujer de los sueños de nadie.
No exactamente el prototipo de belleza. Mas bien no.
No exactamente una mente brillante.
Opacidad es mi nombre.
Vértice.
Borde.
Estoy en un borde. O soy el borde.
Soy, soy el borde.
Caminan unos pies sobre el cordón de una vereda. Ese cordón soy yo.
La mujer que le quita el sueño a nadie.
Mis palabras, le quitan el sueño a nadie.
La que a nadie desvela, prescindible, opaca.
Lo que a nadie desvela.
Lo prescindible.
Me llena.
Mi tiempo vacío se llena sólo de preguntas.
- Vacía? preguntas llena de tiempo -
- Vacías preguntas, llenas de tiempo -
- Vacías, preguntas, llenas de tiempo...-
- Etc, etc.
Me quedo con la música abstracta del pensamiento.
La que a nadie desvela.
Lo que no se puede comunicar, no existe.
Y ahí estoy
Justo en ese borde invisible
entre la iluminación y la intrascendencia.
O es llanamente una luminosidad
de bicho nocturno,
que ninguna cosa devela.
1 comentario:
vivir en el borde ayuda a mirar para los dos costados. los dos son feos, pero si uno mira bien, hay mucha más gente haciendo equilibrio, los que no se cayeron.
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