La chica que nunca acierta la vestimenta con la temperatura comete también otros desaciertos.
Confunde. Cree ver un paraguas pero se trata de un almacén. Cree que ese perro es blanco, lo sueña blanco, lo acaricia blanco. Y el perro es azul.
Pasa el colectivo que suena con sus motores y ella escucha que la llaman. Sí, hasta se da vuelta.
Y le pasa algo más horrible aún. Se esmera enormemente en no pisar la baldosa floja el día de lluvia. Las mira un rato, las estudia. Por fin elige que pisará ésa y así lo hace.
(Splash)
Siempre falla.
1 comentario:
Hay algunos que siempre pisamos la baldosa floja, a veces es como si ella viniera a nosotros (aunque suene cursi)
Publicar un comentario