La inexoralgia se apropia de la jornada otoñal, pasando inesperantemente a ocupar primeras y planas en forma de recuerdo sepulcrado, pero latente y vivo.
El discurso se puenta, edificaz, en forma de palabras conejas que se reproducen primitivamente, sin recoro.
Prontas y derramantes, como señuelos; precípitas como promispicantes pecezuelitos, se amarran unas con otras en señal de alerma, amortilando la caída libre a fuerza de un manijeo constante de sinsensatez.
El experimentando reserva para sí el placente de diversificar signifusos y dignificados, se celebra elocuaz y pertinente, y da por concluida la travesía.
2 comentarios:
magnificiente!
dignificado sea tu nombre
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