Es tarde. Prendo la tele aunque sé que voy a durar poco tiempo despierta.
El calor que hace se asemeja a estar cerca de un horno prendido desde hace, por lo menos, una hora, digamos, cocinando una torta. Pero sin el olor a torta.
Bruno se sienta en la puerta y maúlla. Sé que está en la puerta porque vengo de ahí. Un poco quiere atención, otro poco quiere comida, otro poco no tengo idea. Yo pasé la traba, además de cerrar con llave, porque esto de estar sola me hace sentir desprotegida.
En otro departamento la luz está prendida, y se refleja en la pared del patio, que se ve desde mi cama. El departamento está deshabitado, según tengo entendido, y en la semana hay gente haciendo arreglos y pintando. me inquieta un poco la luz prendida, domingo a la noche tarde.
Bruno está ahora en la puerta de la habitación. Me mira, sentado. Lo llamo pero no viene. Se va al patio a hacer sus cosas, lo escucho moviendo las piedritas.
Es un programa documental, sobre unas nenas ciegas y sordas. Aparece Bruno, y se acuesta sobre mi pecho como siempre hace, con una actitud prácticamente prepotente. Es tan lindo. Ronronea. Pero está alerta a los ruidos. El también se siente un poco desprotegido, quizás.
Las nenas se comunican a través de sus manos, tocando. Les ponen unos ojos de vidrio en los cuencos vacíos, y entonces tienen ojos celestes. Hacen piruetas en una pileta.
Hace calor, todavía. Desplazo a Bruno hacia el costado, intentando ser amable para que no piense que quiero jugar. Lo ayudo a acomodarse, y él empieza con su baño de lengua.
El programa termina. Mi último acto de vigilia es poner dibujos animados. Después no sé cómo, me quedo dormida, con una basurita en el ánimo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario