los tres nos ronroneamos y nos arrumacamos a la hora de dormir, y a la mañana cuando suenan los despertadores -al mismo tiempo- el ronroneo se confunde con refunfuño y el miau que pide desayuno, y se prende rápido la estufa para calentar el comienzo, para secar pelo y medias; después se apaga estufa, radio y luz, y nos vamos
-dos- y uno se queda y sabe dios qué hará pero siempre lo encontramos rolando bajo alguna manta, los ojos chinos, y a una sola caricia de lomo enciende de nuevo el runrún, y después nos abrazamos -dos- nos damos besos y caricias, y uno aprovecha el huequito para acomodar el motor, y entonces, de vuelta, todos ronroneamos.
2 comentarios:
que hermsoura...como siempre un gusto disfrutar de tus relatos.
gracias anónimo.
me das curiosidad.
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